lunes, 1 de julio de 2013

Muse, crónica del concierto de Torino


El pasado viernes tuve la suerte de acudir, por tercera vez en mi vida, a la espectacular propuesta audio escénica y visual que son los conciertos de esta banda británica megalómana llamada Muse.

El concierto se celebró en el estadio olímpico de Torino, Italia, y muy resumidamente podría decir que, a través del paso de los años he podido comprobar como los espectáculos de la banda han ido superándose en todo, algo que tanto el adolescente de 18 años que fui cuando los vi Barcelona como el ya no tan jovencito de hace unos tres o cuatro años en Madrid pensaron en su momento que, hacerlo mejor... sería imposible.

Se puede observar de echo en la discografía de Muse que al menos los últimos tres discos tienen cierta orientación hacia el desarrollo y la puesta en escena de las canciones para el directo. Así, en la gira de su antepenúltimo disco (Black hole and revelations, 2006), el álbum se inicia con un tema, "take a bow", perfecto para empezar el concierto (y de echo fue el tema con el que iniciaron el concierto al que asistí en Madrid), pensado y planificado como un in crescendo continuo que se inicia con un retro futurista sonido de sintetizador, dando paso a un ritmo casi de música electrónica, para poco a poco ir definiendo las entradas de la poderosa guitarra de Matthew Bellamy y la batería de Dominic Howard, culminando, como siempre que hablamos de Muse, en la épica pura y dura.

Obviando algún que otro problema de falta de potencia de decibelios, que no achaco a la banda ya que dias antes pude leer en la prensa que el concierto corría peligro por una polémica normativa del ayuntamiento sobre contaminación acústica, el inicio del concierto efectivamente se basó a su vez en el inicio del último disco de la banda (The 2nd Law, 2012). Un escenario enorme con pasarela que llegaba al centro del estadio, construido como un edificio que hiciera de pared tras ellos, en la que se preveía irían efectos de imagen y proyecciones, coronado por unas chimeneas que, quizá hasta que salió el fuego, no estaba tan claro que fueran chimeneas.
Las pantallas se encienden y una mujer que parece estar dando el informativo del fin del mundo comienza a hablar. La gente se viene arriba, el concierto va a empezar. Se escuchan interferencias, vibraciones del bajo, el grupo aún no ha salido a escena. El ruído se incrementa, la gente lo corresponde, hasta que se suena el primer rift de guitarra de la canción que abre el disco, "Supremacy". Con cada golpe de guitarra, un halo de fuego sale de las chimeneas caldeando aún más si cabe el ambiente y dejando a la gente absolutamente en shock. Efectivamente nadie esperaba esto. Sobre el escenario ya podemos a ver a Bellamy dango guitarrazos y corriendo de un lado a otro, con sus extrañas vestimentas y peinados y su aire de londinense transtornado al más puro estilo Doctor Who.

A partir de ahí el ritmo no decaerá, al menos en los espectacular. La segunda canción, un temazo llamado "Panic Station" que recuerda al hijo bastardo que nunca tuvieron entre Prince y Freddie Mercurie, (también perteneciente al último disco) se acompaña de unas animaciones en las que vemos a Obama bailando al ritmo de la canción. Luego aparecen más iluestres bailarines, desde Angela Merkel al Papa. La gente se lo pasa bomba, el espectáculo está garantizado, y estos tíos no fallan un acorde. Son técnicamente impecables, saben moverse mientras tocan, saben improvisar y saben sorprender improvisando y revisionando sus propias canciones. Para eso, obviamente, se intuye y de echo se ve una coreografía y una escaleta o guion de acciones muy estudiada. No queda otra, chicos.

Se van sucediendo las canciones. Vemos desde una bombilla gigante que vuela por encima de la gente, y de la que sale una mujer que hace figuras en el aire suspendida por una cuerda y tirando confeti, hasta un robot gigante que cruza el escenario, pasando por diversas performances en las que un actor que comienza siendo proyectado sobre las pantallas del escenario como una historia hecha previamente para su mera proyección o acompañamiento, acaba sorprendiendo a todo el mundo al fusionar, no sabemos muy bien como, esas imagenes de oficinas en rascacielos con una aparición estelar en el escenario, recorriendo la pasarela y tirando furioso fajos y fajos de billetes (falsos, claro) a la gente hasta acabar cayendo muerto en mitad del escenario. Lo mismo pasa con una actriz que comienza siendo proyectada con su historia particular en otra canción y acaba saliendo al escenario, llegando a un surtidor de gasolina al final de la pasarela, y cogiendo la manguera del mismo para ponerse de rodillas y beberse a chorro todo el líquido que le quepa en el pecho.
Alusiones críticas al capitalismo de una banda que se recorre el mundo haciendo macroconciertos en estadios en los que la entrada, mínimo, no baja jamás de los 50 euros por show. Pero eso sí, tio, después de ver todo eso uno se pregunta si aún habiendo llenado el estadio, todo este bestial despligue terminará o no por salir rentable. Va, si, seguro que si. Estos genios ingleses son criticos con la sociedad y con el sistema, pero no son gilipollas. Les va lo grande.

Van cayendo algunos clásicos. Sorprendentemente uno de los mejores, "Knights of cydonia", que recuerdo como canción apoteósica que eligieron para cerrar sus conciertos en las últimas giras, cae sorprendentemente temprano. Quizá me descoloca que le hayan dado este lugar. Ahora mis expectativas son mayores. ¿Qué cojones tendrán para el final entonces?

Y he aquí mis peros para este conciertazo. El repertorio elegido. La segunda mitad del concierto se sostiene tan solo por el espectáculo. Una de las partes del final se basa tan solo en que los tres componentes del grupo se van al centro del estadio, al final de la pasarela, y aprovechan para marcarse las tres o cuatro baladas más coñazo de toda su discografía. Se llevan ahí casi media hora sin que nos demos apenas cuenta. Pero de entre las canciones que tocan, eligen las que, para mi criterio personal, son las canciones más insulsas e instrascendentes de su discografía. Y no es a que Muse no se les de bien hacer baladas precisamente. Se olvidan de canciones como "sing for absolution", "blackout", "falling down", "soldier´s poem" o "invencible". 
También influye en esta decepción mia que toquen prácticamente todas las canciones del disco nuevo, que bueno... es un disco de Muse y por lo tanto me gusta, ya que, como pasa con las pelis de Woody Allen sus peores cosas suelen estar a un nivel bastante por encima de la media, pero que es al fin y al cabo para mí, el peor trabajo de la banda hasta la fecha (salvando joyas como la anteriormente mencionada "Panic Station", "Survival", y quizás el single comercial que sacan en cada disco, "Madness").

Por otro lado pasan completamente del disco anterior (solo tocaron "Uprising" y "Guidin Light"), que sin ser tampoco mi preferido, y que pondría al nivel de este, tiene sin embargo joyas aún mejores que este último como son "Unnatural selection", "Mk Ultra" y sobre todo "I belong to you", además de echar en falta grandes clásicos de los primeros discos como "Hyper music", "New Born", "Bliss", "Stockholm syndrome", "Butterflies & hurricanes", "The small Print", "Showbiz" o "Muscle Museum".

El concierto finalizó a las dos horas y picos de duración, dejandome un sabor de boca agridulce. De nuevo lo han vuelto a hacer, de nuevo se han superado, de nuevo he vuelto a asistir a un acontecimiento único de un grupo que sin duda será legendario y hará historia y de nuevo he vuelto a presenciar un espectáculo increíble. Pero el último tramo se me ha atragantado. Me han sobrado alguna que otra canción y sobre todo me han faltado algunas muchas otras. Y para el final me han dejado "Starlight", quizá la canción mas sobrevalorada de Muse, la típica canción que jamás entenderé que guste tanto a sus fans.

Pero no todo puede ser como uno quiere. Quizá la próxima vez, porque está claro que si tengo la posibilidad de hacerlo... repetiré.

(este primer video que os dejo es del concierto en el que estuve. Lo he encontrado por youtube y se puede apreciar bastante bien el espectacular inicio del concierto, aunque algo lejos, desde arriba en las gradas. Yo estaba a la izquierda de la pasarela, un poco más adelante del centro del campo, de falso 9, como Cesc Fábregas).

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