sábado, 19 de febrero de 2011

In Memoriam: Gary Moore


Tenemos que admitir ciertas cosas sobre este irlandés que nos dejó el pasado 6 de Febrero en un hotel de Estepona por un ataque al corazón: nunca encajó en ningún sitio. Para empezar, nacer en la vieja Irlanda del Norte trae consigo ciertas complicaciones. Sin nombrar al imbécil de bono y sus u2, que cualquiera metería en el saco de grupos importantes nacidos en dicho país (yo no pienso hacerlo) resulta inevitable entablar ciertas comparaciones... más que comparaciones, rerefencias, para situar a este hombre dentro del rock/blues de la gran bretaña.

Ahí nacieron tipos como Phil Lynott y sobre todo, el gran Rory Gallagher, además de algunos otros que ahora mismo, sinceramente, no pongo en pie.

Gary Moore siempre tuvo complejo de segundón. Y de echo, realmente, siempre lo fue. Y siempre fue un incomprendido. Tras su paso por grupos como Skid Row y Thin Lizzy, en los que además coincidió con Lynott, del que era buen amigo, la carrera de Moore tuvo una progresión un poco caótica y eso lo llevó a ser criticado por todos y cada uno de los públicos que anteriormente se ganó.
Su primera etapa en solitario, en los 80, trajo consigo varios discos con los que se hizo un nombre y alcanzó cierta repercusión. Pero aún así, ya por aquel entonces, los heavys lo tachaban de blando y los viejales del rock & roll de demasiado duro.
Ese cierto, aunque discreto, reconocimiento que se había ganado tras varios discos en solitario, le otorgó la confianza suficiente para cambiar el tercio y probar con lo que, pienso yo, realmente llevaba dentro: el blues.

"Still got the blues" es el nombre de uno de los discos más laureados de Gary Moore, lo cual conlleva el mérito de poner en la lista de ventas un disco basado en el blues y de apostar claramente por vertebrar y orquestar los temas en torno al leiv motiv de este género: la guitarra eléctrica. Su estilo ya por entonces empezaba a dar que hablar. El bueno de Gary llevaba el blues en la sangre, pero no dejaban de notarse las influencias hardrock que arrastraba de sus etapas anteriores. Aún así se arropó de grandes colaboradores como Albert Collins o Albert King, y su primera prueba de fuego en el género fue aplaudida y celebrada.

La fórmula de este éxito se fue repitiendo a lo largo de esos años una y otra vez y quedó un poco desgastada. Grabó un buen disco en directo, "blues alive" y por fin llegó a un discazo de blues puro titulado "Blues for Greeny", disco dedicado al gran Peter Green, guitarrista inglés del grupo Fleetwood Mac... y a partir del cual empezaron, en mi opinión, los verdaderos problemas.

Pero en fin, la cuestión es que, a fin de cuentas, después de tanto vaivén y tanta irregularidad, no creo que quede nadie en este mundo que se atreva a negar que el señor Gary Moore, en paz descanse, no solo nos dejó grandes joyas del rock y del blues, sino que consiguió un estilo de esos con los que uno, solo con escuchar un par de fraseos en la guitarra, podía identificarlo automáticamente.

Y en estos tiempos, tener un sello propio y personal es mucho más de a lo que podríamos aspirar la mayoría.
Esto va por él, allá donde esté.


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